Viernes
tarde, rumbo a Huesca, la maleta repleta de ilusiones, ganas y entusiasmo, también
hay sitio para la fuerza y los ánimos de amigos, que por cierto han sido muchos
más de los esperados y eso siempre se agradece.
El
cierre de dorsales está previsto para las nueve y media de la noche, llegamos
con tan sólo quince minutos de margen, aunque se podrían haber recogido por la
mañana, mejor dejarlo todo solucionado esta noche. En cinco minutos todo listo,
claro solo estamos nosotros, es lo que tienen estas carreras con 300
corredores. Una vez comprobados los datos, nos hacen entrega del dorsal, del
chip de deberemos llevar durante carrera y a su vez pasar por los lectores en
cada control, la pulserita con el código de barras que nos identifica en todo
momento, una botella de vino, otra de aceite, plano de la carrera, publicidad y
una camiseta bastante chula, de esas ajustadas que deben cortar la respiración,
y digo “deben” porque yo como no adelgace 15 kg, no creo que pueda meterme dentro
sin parecer una morcilla o morir en el intento.

