Esta
semana he estado analizando mi cuerpo, bueno más que analizar, observando cómo
se comporta cuando se le exige de manera continuada. Soy de los que piensa que
el deporte está sustentado por tres pilares básicos, entrenamiento, descanso y
alimentación, y que al aumentar el primero, los dos siguientes deberían hacerlo
en la misma medida. Es cierto que el cuerpo es sabio y él solito se regula, y
si no puede hacerlo por el mismo, nos manda señales, (aunque no siempre las
escuchemos). En mi caso, la ingesta de alimentos, desde que comencé con el plan
de entrenamientos, ha aumentado y mucho, a todas horas tengo hambre, procuro no
pasarme, aunque no me privo de nada, si hay hambre se come y punto…
En
cuanto al descanso más de lo mismo, el cuerpo me pide cama, intento respetar en
la medida de lo posible las horas de sueño. Los fines de semana no falta la
siesta para recuperar piernas después del esfuerzo, hasta aquí todo normal, lo que
ya no es tan normal es que las siestas sean de las de padre-nuestro, pijama y
orinal, cada semana me supero y hago MMP. De momento tengo el record absoluto y
por categorías con tres horitas y cuarto y es que más que dormir… pierdo el
conocimiento, la Bella durmiente a mi lado padecía de insomnio.


