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9 sept. 2013

Subida pico Veleta (Mi crónica)

Esta carrera ha dejado tras de sí muchas secuelas, ninguna física, todas mentales, con una inédita y a la vez extraña impresión de haberme saturado de kilómetros, con esa sensación parecida a la que se tiene cuando un buen día te atiborras de un alimento hasta tal punto que terminas por aborrecerlo. Si existe el sobre-entrenamiento físico, desde este momento tengo el convencimiento que también hay uno psicológico.
Treinta días han pasado desde que cruzase aquella insólita y desolada línea de meta. Porque allí en lo más alto no hay público que anime, ni familiares ni amigos esperando impacientes tu llegada, allí arriba no hay nada. Si acaso algún que otro corredor recién llegado, personal de la organización de carrera que pacientemente esperan nuestra llegada para dar fe del tiempo empleado, una ambulancia con sanitarios y poco más. Allí arriba, como decía un simpático corredor gaditano con el que compartí algunos kilómetros: “aquí por no haber no hay ni bichos”.
Treinta días buscando, (que no encontrando), alguna lógica a esto del correr y sobre todo buscando esas ganas que me animen a meter de nuevo los pies dentro de las zapatillas. Cuatro salidas durante el periodo estival, con buenas sensaciones en el apartado físico pero totalmente falto de ganas y motivación, digamos que durante estos rodajes no he sufrido pero tampoco he disfrutado. Y es que, por más que busco en el baúl donde deberían encontrarse los motivos y razones para tanta pregunta, para tanta desgana… no encuentro.

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