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25 mar. 2013

Como pasa el tiempo


Hace cuatro días, en Septiembre completé mi primer ultra, dos meses después el maratón de valencia, 70 días más tarde en Febrero el maratón de Sevilla, el tiempo pasa sin darnos cuenta… sobre todo si estamos en esa dinámica de Planes, entrenos, ilusiones, carreras, mas planes, mas entrenos, mas ilusiones, y más carreras, no hemos terminado una y ya estamos pensando y planeando la siguiente… El tiempo pasa, pero no los kilómetros, esos no pasan, esos se quedan en nuestras piernas, todos y cada uno de ellos y lo malo es que algunas veces vienen con “premio”.

Tengo como costumbre, después de cada maratón, desconectar totalmente alrededor de 15 días, en esta ocasión con mayor motivo pues acabé con el gemelo/soleo pelín tocado. La idea en un principio, la de siempre: un par de sesiones de fisioterapia para volver a poner todo en su sitio y comenzar de nuevo… Además después de dos semanas parado las ganas de correr vuelven y de qué manera!!!!

Gracias Padre


Hoy he salido a correr, no estaba previsto, no había ganas, simplemente ha nacido dentro de mí la necesidad de hacerlo y esta necesidad ha ido creciendo, podía sentirla en mis entrañas, y después, ha crecido más y más aún cogiendo tal volumen que la ligera presión en el pecho se ha convertido en una presión insoportable, que me ahogaba, que no me permitía respirar… No he tenido más remedio que ponerme las zapatillas y salir.
Hoy no hay ruta marcada, hoy no hay dirección establecida, ni calentamiento, ni ritmos, ni nada, solo correr, correr rápido, muy rápido, todo lo rápido que mis piernas puedan hacerlo, necesito echar fuera de mí esta angustia que me está matando. Lo hago corro rápido, muy rápido, mi corazón late a ritmo de vértigo, duele el pecho, no es el corazón, tampoco el hígado, ni los pulmones, no conozco este dolor, pero está aquí, dentro de mi… Acelero la marcha, el dolor aumenta, puedo notar cómo se mueve y se desplaza lentamente hacia mi garganta, respiro con dificultad, aún así no paro, sigo corriendo, tan solo llevo dos o tres kilómetros.
Reconozco este malestar, no es solo dolor, también hay tristeza y angustia y desazón y por supuesto rabia, mucha rabia, demasiados sentimiento unidos, corro mas y mas rápido, tanto como no recuerdo haberlo hecho antes, puedo notar mi corazón latiendo por todo el cuerpo, no sólo dentro del pecho, las piernas duelen, pero sigo, siento nauseas, paro en seco, no puedo dar un paso más….Cierro mis manos, las aprieto fuerte y golpeo mi pecho, miro al cielo y grito, grito fuerte, y con el grito sale toda la rabia contenida.
Estoy abatido, inclino mi cuerpo, mis manos apoyadas sobre mis rodillas, lo sujetan y lloro, lloro desconsoladamente y con cada lágrima, con cada gemido, se libera una porción de esa tristeza, de esa angustia que me privaba del aire necesario para continuar….
Te echo tanto de menos papa… Un día como hoy te fuiste de mi lado, te marchaste para no volver, todavía hoy sigo sin comprenderlo, se que jamás lograré entender este sinsentido, no tengo reproches, pero sigo sin acostumbrarme a tu ausencia.. Todavia hoy te añoro tanto como el primer día, son tantas las cosas que te has perdido, tantas las cosas de las que me gustaría que te sintieras orgulloso. Sé que, allí donde te encuentres, lo estás, pero necesitaría oírtelas decir, aunque fuese tan solo una vez más, es tan importante para un hijo escuchar de los labios de su padre lo orgulloso que se siente de él…..
Sigo luchando padre, tal y como tú me enseñaste, esforzándome siempre al máximo, poniendo siempre todo mi empeño en cada cosa que haga y por supuesto queriendo y disfrutando todas esas cosas. Seguiré haciéndolo a diario y seguiré esforzándome para intentar algún día parecerme tan sólo un poquito a ti.
Hoy tenía la necesidad de tener esta deferencia contigo, necesitaba entregarte algo, aunque poco puedo ofrecerte y ese poco no se como hacértelo llegar, únicamente puedo darte mi esfuerzo, todo, hasta el último gramo de energía que llevo dentro. Darte todo y vaciarme para poder así volver a llenarme de ese amor que desinteresadamente siempre me ofreciste.
Vuelvo a casa, ya caminando, muy cansado aunque relajado, triste pero ya sin presión, ya no hay nada en mi pecho, ni en mi garganta, respiro hondo, profundamente, puedo notar como el húmedo aire entra sin ninguna dificultad y recorre su camino hasta mis pulmones. Y con cada inhalación me vuelvo a sentir vivo y la tristeza desaparece y con ella la desazón y la angustia, puedo sentir como mientras salen los últimos restos, entra a su vez una nostalgia envuelta en una paz que me reconforta y con ella llegan los recuerdos y sonrío y vuelvo a llorar, pero ahora de alegría, porque a fin de cuentas, he sido afortunado. Afortunado sí, por haber tenido la suerte de tener como padre a una de las mejores personas de este jodido mundo.
Gracias papi, gracias por todo, siempre vivirás en mi corazón.
19-10-2012

5 mar. 2013

Maratón Sevilla 2013 (Mi crónica)


Con lo sencillo que resulta dar ese primer paso en el maratón y lo complicado que se antoja escribir la primera palabra para resumir el mismo...
 
 
En este maratón me ha costado más de lo habitual poner en orden todos y cada uno de los sentimientos y sensaciones vividas, algo de pereza también ha habido, todo hay que decirlo, tal vez mi cabeza precisaba, al igual que mis piernas, de un merecido descanso. Los días previos fueron muy intensos, demasiados nervios, algo de ansiedad y mucha incertidumbre, que también desgasta, por lo menos a mi me ha pasado factura. No estoy acostumbrado a esos niveles de nerviosismo, creo que necesitaba esa desconexión de todo lo que tuviera que ver con el maratón.

La preparación de este maratón, comenzó allá en el mes de Noviembre y lo hizo corriendo el de Valencia, a partir de aquí, tres meses de entrenos, en los que he corrido dos medias maratones de montaña, dos medias maratones de asfalto, una de ellas con marca personal en Getafe. Después de analizar todo, creo que gran parte de culpa, del resultado final, la tiene haber disputado esa media maratón, sea como fuere, lección aprendida, nunca más volveré a disputar absolutamente NADA mientras esté preparando un maratón. Al final han sido alrededor de 800 km, repartidos en 62 sesiones de entrenamiento. Por el camino me dejé, 75 horas de esfuerzo y dedicación, un par de kilos, una uña y una muela.
 

Con estos números me levante el viernes a las cinco de la mañana y emprendí rumbo a la capital Hispalense. En las maletas toda la ilusión posible, creo que si sumo la de los otros siete maratones no junto tanta como la que llevo en esta ocasión.
 

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